Se acabó

Hay etapas que empiezan llenas de dudas y terminan dejándote recuerdos que

sabes que van a quedarse contigo muchísimo tiempo. Creo que este primer año en Educación Social ha sido exactamente eso.

Hace apenas unos meses llegaba a la Universidad de Extremadura con muchísimos nervios. Aunque ya conocía a algunas personas, tenía ese miedo típico de empezar algo nuevo: no saber si vas a encajar, si encontrarás tu sitio o si realmente has elegido bien aquello a lo que quieres dedicarte durante los próximos años de tu vida.

Y ahora, mirando todo desde un poco más lejos, me doy cuenta de que gran parte de esos miedos desaparecen cuando entiendes algo muy simple: todas las personas que están ahí contigo comparten algo importante. Todos hemos elegido estudiar Educación Social. Todos queremos dedicarnos a algo parecido. Todos tenemos inquietudes, maneras de pensar y formas de sentir que, aunque diferentes, terminan conectando muchísimo.

Y creo que eso fue lo que hizo que todo empezara a sentirse más fácil.

Las primeras semanas fueron una mezcla constante de nervios, nuevos horarios, aulas que no conocíamos, nombres que intentábamos recordar y la sensación de estar entrando en una etapa completamente distinta a todo lo anterior. Pero casi sin darme cuenta, llegó un momento en el que empecé a sentir que estaba exactamente donde tenía que estar.

Este primer año ha sido intenso en todos los sentidos.

Ha habido cansancio, estrés, semanas interminables y momentos de pensar “no me da tiempo a todo”. Pero también ha habido muchísimas ganas, muchísima ilusión y personas que han hecho que todo merezca la pena.

Y si hay algo que define este curso, son los autobuses.

Porque sinceramente, creo que nos hemos convertido en auténticos profesionales de organizar nuestra vida alrededor de ellos. Hemos aprendido a calcular tiempos imposibles, a salir de casa muchísimo antes “por si acaso” y a entender que un trayecto de diez minutos realmente puede convertirse en toda una aventura universitaria. Al final, coger autobuses todos los días ha terminado formando parte de nuestra rutina y, aunque muchas veces fuese agotador, ahora hasta tiene algo de nostalgia pensarlo.

Y entre clase y clase apareció también uno de los lugares más importantes de este año: la cafetería.


La cafetería ha sido muchísimo más que un sitio para desayunar. Ha sido nuestra segunda clase, nuestra terapia grupal y probablemente el lugar donde más horas hemos pasado sin darnos cuenta. Allí hemos hecho trabajos a última hora, nos hemos agobiado juntos, hemos hablado de exámenes, nos hemos reído por tonterías absurdas y también hemos descansado un poco de todo el caos universitario.

Creo que gran parte de los mejores momentos de este curso han empezado en una mesa de la cafetería.

Porque al final, aunque venimos aquí a estudiar, la universidad también se construye en esos pequeños momentos que no aparecen en los apuntes.

Y si algo me llevo de este primer año, es precisamente el grupo que hemos formado.

Un grupo creativo, divertido, cercano y lleno de ilusión. Creo que se nota
muchísimo cuando alguien estudia algo que realmente le gusta, y eso pasa constantemente en nuestra clase. Se nos nota a la legua que tenemos ganas de aprender, de hacer cosas nuevas, de participar y de imaginarnos algún día trabajando en todo esto.

Y eso hace que incluso las semanas más duras se hagan más llevaderas.

Además, este año también me ha ayudado muchísimo a conocerme mejor.

Creo que me ha dado seguridad. Seguridad para entender que sí soy válida para esto, que sí puedo aportar cosas y que probablemente he encontrado un sitio donde me siento cómoda y motivada.

Durante mucho tiempo tenía dudas sobre si encontraría algo que realmente me llenara académicamente, pero Educación Social ha terminado demostrándome justo lo contrario. Las clases me interesan, disfruto aprendiendo y siento ilusión pensando en todo lo que todavía queda por delante.

Y sinceramente, creo que encontrar algo que te haga sentir así vale muchísimo.


TIC: estrés, creatividad y una asignatura diferente

Y si hay una asignatura que ha marcado este curso, creo que ha sido TIC aplicadas a la Educación Social.

Sinceramente, creo que TIC ha sido una asignatura capaz de sacarnos muchísimas emociones diferentes al mismo tiempo. Por un lado, ha sido agotadora. Había semanas donde parecía imposible llegar a todo: publicaciones obligatorias, columnas semanales, retos, roles, actividades nuevas constantemente… y la sensación de terminar una tarea y tener ya otras tres esperando.

Muchas veces sentías que TIC requería una atención constante. Era una asignatura que te obligaba a organizarte sí o sí, a aprender a gestionar el tiempo y a ser constante aunque estuvieras cansada.

Y aunque en muchos momentos generaba estrés y agobio, también creo que precisamente ahí estaba parte del aprendizaje.

Porque al final terminabas aprendiendo a sacar tiempo de donde parecía que no existía. Te obligaba a llevar un ritmo, a organizarte, a pensar con antelación y a crear una rutina de trabajo bastante constante.

Y ahora, mirando atrás, creo que incluso agradezco un poco todo eso.

Porque aunque ha sido intensa, también ha sido una asignatura muy distinta al resto.

TIC nos ha dejado crear, innovar y salir un poco de la dinámica típica de estudiar y memorizar. Nos ha permitido hacer trabajos mucho más prácticos y creativos, y creo que eso es algo que se agradece muchísimo dentro de la universidad.

Además, muchas de las publicaciones de este blog nacieron precisamente gracias a esta asignatura. Poco a poco, “Gafas de realidad” terminó convirtiéndose en un espacio donde no solo subía tareas, sino también reflexiones, aprendizajes y una pequeña parte de cómo estaba viviendo este primer año.

Y creo que eso hace que ahora esta despedida tenga todavía más sentido.

Uno de los trabajos que más me llevo de TIC ha sido, sin duda, Peticoon.

Peticoon terminó siendo muchísimo más que un trabajo grupal. Fue un proyecto donde realmente pudimos innovar y dejar salir toda nuestra creatividad. Tuvimos que contactar con entidades, analizar información, investigar situaciones reales y construir un juego desde cero adaptándolo completamente a los objetivos educativos que queríamos trabajar.

A través del proyecto trabajamos temas como violencia de género, autoestima, relaciones sanas, migración, apoyo emocional y empoderamiento femenino.   Todo ello mediante dinámicas participativas, actividades interactivas y una metodología basada en el aprendizaje y la reflexión.  

Pero sinceramente, lo mejor fue todo el proceso.

Las ideas, las pruebas, las risas, adaptarlo todo a nuestra manera y acabar completamente viciados a un juego que habíamos creado nosotros mismos. Creo que pocas veces un trabajo universitario consigue que tengas tantas ganas de seguir utilizándolo incluso después de entregarlo. Y eso dice muchísimo de lo orgullosos que estamos del resultado.

Y creo que ahí entendí una cosa importante: cuando estudias algo que realmente te gusta, incluso el cansancio se vive diferente.

Por eso también quiero agradecer especialmente a Rosa y a AIain su manera de llevar la asignatura de TIC. Por dejarnos innovar, crear, trabajar desde la creatividad y hacer que, incluso dentro del estrés, haya sido una asignatura tan intensa como especial.



Y para cerrar esta etapa, he querido acompañar esta publicación con un vídeo que resume un poco todo lo que ha sido este primer año como Laura Muñoz Salgado, alumna de primero de Educación Social en la Universidad de Extremadura.

Un vídeo de apenas tres minutos donde aparecen las actividades, los trabajos, la cafetería, los autobuses, el cansancio, las risas, la constancia, la creatividad, la juerga y todas esas pequeñas cosas que al final terminan construyendo una experiencia universitaria.

Porque al final la universidad también trata de eso.

De aprender, sí.
Pero también de compartir, crecer, equivocarte, agobiarte, reírte muchísimo y encontrar personas y lugares que terminan haciéndose importantes sin darte cuenta.

Este vídeo no es solo una recopilación de fotos y momentos. Es una pequeña forma de guardar todo lo que ha significado este primer año para mí.

Las personas, las experiencias, las conversaciones infinitas en la cafetería, los autobuses eternos, las semanas imposibles de TIC, las actividades, las fiestas improvisadas y esa sensación constante de cansancio mezclada con ilusión.

Porque creo que eso define perfectamente este curso: cansancio, sí… pero también muchísimas ganas.

Y sinceramente, no cambiaría nada de todo esto.

Gracias por este primer año.

Gracias a las personas que han formado parte de él.
Gracias por las risas, los trabajos de última hora, las locuras improvisadas y también por los momentos difíciles que nos han hecho crecer.

Esto solo acaba de empezar.

Y sí…

sobrevivimos y sobreviviremos.





Comentarios

Entradas populares